Encuentro online
De vivir hacia fuera a vivir desde ti
Recupera tu energía y tu fuerza interna antes de acabar el año
Gracias por por haber venido, por haber decidido estar aquí ahora, porque sé que en el día a día que tenemos, pues no es fácil encontrar este ratito para cada una, para parar, que nos cuesta bastante. Y, bueno, esto supone también dejar otras cosas, así que lo valoro mucho, y os doy las gracias, de verdad. vamos a empezar a respirar un poco Con calma. Y vamos a decir dentro, este momento es para mí. Y ahora, antes de avanzar, me gustaría presentarme, decir quién soy y desde dónde os acompaño hoy. Soy Edurne, y desde hace veinte años soy docente. También, desde hace más de diez años, llevo formándome en el desarrollo personal, en el cuerpo, en las emociones, y estoy certificada en coaching personal y educativo, coaching de familia, experta en fortalezas personales, en la psicología positiva, y y también en mindfulness. Pero mi gran aprendizaje vino con la maternidad. Cuando nacieron mis mellizos, entré en un modo de exigencia muy fuerte. Quería quería sostener todo a todos, llegar a todo, poder con todo, hacerlo todo bien. Y claro, mi mi cuerpo empezó enseguida a expresarse, empezó a expresarse con tensión en la mandíbula durante bastante tiempo, una presión en el pecho, ruido mental. Y en medio de de una crisis personal durante la lactancia, me hice una pregunta muy importante, que lo cambió todo. Fue, ¿dónde estoy yo en todo esto? Y ahí empezó otro camino diferente. Ahí empecé a volver a mí. Empecé a escucharme de verdad, escuchar qué necesitaba, qué sentía. Empecé a atenderme de verdad, a parar, a descansar sin culpa, a poner límites, a pedir ayuda y y equilibrar mis fortalezas personales. Volví a mí. Y ahora acompañó a las mujeres que han estado en esa situación que estado llegó desde ahí, a empezar a a volver a ellas y a vivir desde otra manera, desde ellas, sin olvidarse. Y os quiero hacer una pregunta. Puede que no estés mal, pero tampoco estás bien. Puede que vayas tirando, ¿no? Funcionando, pero realmente no te sientes en ti, no sientes que estés contigo, ¿no? Esto es es muy habitual, ¿no? Que nos pase. Puede que, pues, nos levantemos cansadas, aunque hayamos dormido, puede que nos irrite cualquier cosa pequeña, ¿no? En el día a día. Puede que tengamos a veces la sensación de que estás en algún sitio, pero que no estás, ¿no? Que que vayas como en automático, ¿no? Por inercia, cumpliendo, haciendo Puede que sintamos, a veces, un vacío suave, ¿no? Un, bueno, te sientas sola aunque estés acompañada, ¿no? O a veces, pues, respondemos bien cuando te preguntan qué tal estás, pero no es verdad del todo, a veces, A ver. Ay, no me deja ahora pasar. Ahora. Vale, ahora quiero que hagamos una pequeña práctica que te puede ayudar a escucharte. Os voy a pedir que que cerréis los ojos, si queréis, os pongáis cómodas, Y bajamos un poco la respiración, el ritmo Y pregúntate, por dentro, ¿cómo estoy hoy? Y no esperes una respuesta perfecta. Lo primero que aparezca, puede ser cansada, tranquila, sobrecargada, saturada, preocupada, lo primero que te venga, Esa es tu verdad de hoy. Y ahora quiero que te pongas la mano en el pecho. Y le digas suavemente a esa sensación, te veo. Esto es volver a ti. Muchas de las mujeres que acompaño, me dicen, ¿no? Que están cansadas, que con una sensación de automático, de, bueno, que no están, ¿no? Con ellas. Es estar como hacia afuera, ¿no? Vivir fuera de de de ti, ¿no? Esa sensación de de no estar conectada contigo de verdad. ¿Y qué es vivir hacia afuera? Pues vivir hacia afuera, cuando decimos que vivimos hacia afuera, es que nuestra energía, nuestra atención, nuestras decisiones están en el en lo externo, ¿no? Fuera de nosotros, ¿no? En lo que pasa fuera. Y en en lo externo, cuando decimos, quiere decir, pues, que vamos haciendo, pues, lo que toca, lo que esperan de ti, lo que los demás necesitan, ¿no? Lo urgente, lo que hay que resolver, lo que hay que sostener. Entonces, esto sería, ¿no? Estar sobre todo ahí. Y esto no no no nos pasa porque lo decidimos así, ¿no? Realmente, no no queremos que sea así, pero lo hacemos, porque no nos enseñaron hacerlo de otra manera, porque no nos enseñaron realmente a vivir desde desde nosotras mismas, ¿no? No hay más que, bueno, tener en cuenta, cuando éramos niñas, los mensajes que que escuchábamos, ¿no? Sé buena, no molestes, ayuda a los demás, cuida a los demás, sé responsable, puedes con todo. No te quejes, no seas exagerada, no falles, ¿no? Muchos mensajes que hemos recibido, y y son mensajes que que se quedan dentro, están dentro de nosotras, ¿no? Ahí, desde pequeñas. Entonces, pues, ahora, que somos adultas, claro que que nos hacen actuar o vivir desde ahí, ¿no? Porque muchas veces podemos saber que las emociones se sienten y son sanas, ¿no? Es sano sentir, por supuesto, pero no sabemos identificar, a veces ponerle nombre, ¿no? A eso que sentimos. Podemos saber que el cuerpo habla, que el el cuerpo expresa, ¿no? Pero nos cuesta, ¿no? Ver esas señales en el cuerpo, saber qué significa una presión en el pecho, qué significa tener tensión en en en la espalda o en la mandíbula. Podemos saber que que vivimos hacia afuera, ¿no? O estamos en automático, pero no sabemos realmente salir de ahí, ¿no? Parar y volver a nosotras, ¿no? Podemos saber cuáles son nuestras fortalezas personales, pero igual no sabemos que, en un momento dado, una fortaleza personal está desequilibrada, y nos está quitando energía, nos está drenando. Por lo tanto, es normal que que vivamos hacia afuera, porque no nos han enseñado realmente a escucharnos a nosotras mismas. No hemos recibido esa educación emocional de verdad. No es falta de fuerza, que a veces pensamos, ¿no? Jolín, ¿y por qué no puedo con esto? O sea, me falta fuerza o o o inteligencia, ¿no? El no saber, o sea, el no conocer. Si muchas veces conocemos muchas cosas, la teoría la sabemos, pero la práctica es lo lo que cuesta, ¿no? Y la no es la falta de capacidad, por supuesto. Como he dicho ya antes, es la falta de educación emocional real, de práctica interna, ¿no? De sostén. Y cuando no sabes escucharte, pues no sabes qué te puede pasar, qué te está pasando realmente, no sabes lo que necesitas, Y muchas veces podemos explotar, podemos cambiar la calma por exigencia, y y seguir viviendo hacia afuera, ¿no? Bueno, yo en cualquier momento que queráis parar, decir algo, compartir algo, comentar, lo que sea, lo podéis hacer, ¿eh? Levantáis la mano, lo que sea, yo os veo, y y os abro el micrófono y podéis hablar, ¿vale? Estamos poquitas hoy, en directo, al final. Tranquilamente, ¿vale? ¿Cómo vamos? ¿Vamos bien? ¿Sí? Hoy os quiero hablar de de tres trampas en las que caemos casi todas. Y por supuesto que nos quitan energía. Una de ellas es, cuando acabe todo, paro. Y decimos cosas como, cuando termine este proyecto, ya pararé, o cuando recoja toda la casa, ya pararé. Cuando los niños estén bien, ya pararé, ¿no? Cuando acabe esta racha, cuando pase esta racha, ya ya pararé. Pero ¿cuál es cuál es el la realidad? Que pasa otra cosa más, que aparece otra cosa más a a la que le damos, ¿no? Importancia y atención y dedicación absoluta, y no paramos. Y el resultado, pues eso, no descansas, no te escuchas, ¿no? Nos dejamos otra vez de lado para la lista allí, al final, o a veces ni en la lista estamos. Hay otra otra trampa, que también la la la decimos, ¿eh? Una frase, sigo porque puedo, claro que puedo, ¿no? Yo puedo con todo. Claro, te duele la cabeza y sigues. Total, funcionas igual, igual, sigues. Tienes, sientes cansancio, pero pero sigues, ya sacaré fuerzas de donde sea. Tu cuerpo te está diciendo que pares, pero tu mente está diciendo, aguanta, venga, aguanta, sigue, sigue, ¿no? Y aquí el tema es que poder no significa estar bien. Claro que podemos. Muchas veces, una barbaridad, podemos. Pero claro, esto significa que estamos acostumbradas a funcionar así, no porque estemos bien. Y esto, la vuelta que tiene es que cuanto más puedes, más se espera de ti. Vamos con la tercera trampa. No tengo tiempo para mí, esta también la escuchamos muchas veces. Y claro, tenemos cinco minutos libres y nos ponemos a recoger, a hacer algo, ay, esto también hay que hacer. Tienes media hora libre y aprovechas para adelantar algo. Os suena, ¿no? O a veces sentimos culpa por parar, por descansar. Y parar, volver a ti, que le llamo yo, escucharte, para esto no hace falta una tarde entera. A veces necesitas treinta segundos de presencia real, treinta minutos de escucha, treinta minutos, treinta minutos no, treinta segundos de escucha, treinta segundos de de de respiración, treinta segundos para atenderte. Y cuando empiezas a vivir así, eso cambia el día, en un momento dado. Bueno, antes de seguir, ¿queréis compartir algo de alguna de estas tres trampas? ¿Creéis que caáis vosotras también en alguna de ellas? ¿Alguien quiere decir, luego? Pues sí, porque yo llevo con esta respuesta de, es que no tengo tiempo desde que has empezado, y has llegado al punto tres, y era, no tengo tiempo para mí. No tienes tiempo. Eso eso te dices, ¿no? Eso es lo que tu tu mente dice, ¿no? Al final, la mente es la que la que nos va dando esos mensajes, ¿no? Las trampas son del de la mente, claro. El el el, aquí lo la clave es que el cuerpo va antes que la mente, y no nos cuesta escucharle. La mente hace de las suyas, ¿no? Para que no la escuchamos, no la escuchemos, y porque no sabemos, o muchas veces ese es el tema, ¿no? Bueno, lo que os he dicho, ¿no? No hemos aprendido esto. Gracias por compartirlo. Mertxe, ¿querías decir algo? No, nada, que a mí también me ocurre lo mismo, que nunca tengo tiempo de de cosas que quiero hacer. Esto, cuando hablamos de de de parar y escucharte, justamente es lo contrario de hacer, ¿no? Ya. Sería para para no hacer, dejar de hacer en un momento dado, y atenderte a ti. Y quería hablaros ahora sobre nuestra fuerza interna, y aquí quiero aclarar que a veces confundimos esa fuerza interna con poder con todo, ¿no? Parece que cuanto más puedes, a, o sea, cuanto más llegas a todo, a sostener a todos, a a resolver todo, a cumplir todo, esa es fuerza. Y justamente esta no es la fuerza, esta es la fuerza de aguantar, de resistir, de, eso agota, eso no es fuerza, de verdad. Eso es la fuerza que te lleva hacia afuera y nos rompe. Poco a poco, a veces, otras veces de repente. La verdadera fuerza es la que la que está dentro, es la que la que te hace escucharte, la que te hace respetarte, la que te hace sentir tus señales, la que te hace poner límites, acompañarte con ternura. Y aquí quiero hacer una especial mención a las fortalezas personales, porque estas son las claves para poder llegar a a a escucharnos, a respetarnos, a sentir nuestras señales, a poner límites, a acompañarnos con ternura. Esas fortalezas personales, que son esas cualidades innatas que están dentro de nosotras, que viven, ya están, no hay que crearlas, no hay que hacer nada para que aparezcan, están dentro de nosotras, solo que se han ido apagando muchas veces, hemos ido olvidando, y muchas veces otras veces se distorsionan, ¿no? Por el uso que hacemos de esas fortalezas, por el sobreuso que hacemos. Se distorsionan con exigencia, con culpa, con agotamiento. Esto para mí fue una un punto muy importante, ¿no? Para para para poder activar, ¿no? De otra manera, ¿no? Esas fortalezas, desde la consciencia, ¿no? Pues lo lo que comentaba, ¿no? A veces pensamos que que que una fortaleza que hay dentro de ti ni es fortaleza ni la consideramos fortaleza. Y luego te te pones a indagar, a a darte cuenta, o sea, a pensar, no a reflexionar, analizar esas fortalezas, y dices, ostras, pues sí que es una fortaleza, de verdad, y la tengo, porque están, están dentro de nosotras, solo que no las sabemos, o sea, no las sabemos identificar muchas veces, ¿no? ¿Y y qué pasa? Os voy a poner unos ejemplos, ¿no? Con esas fortalezas, que si una de tus fortalezas es la responsabilidad, y eres muy responsable, muy, muy, muy, pues que puedes llegar a cargar excesivamente con con estas responsabilidades, ¿no? Y esto te agota. En en cambio, si llegas a utilizar estas fortalezas de una manera equilibrada, esto te da claridad y te hace poner límites, porque la responsabilidad no la utilizas solo hacia afuera, también hacia ti, te sostienes a ti con la responsabilidad. ¿Esto se entiende? ¿Sí? Pongo otro ejemplo, ¿no? Pues, por ejemplo, con la con la empatía, otra fortaleza personal, ¿no? Puedes tener la empatía muy muy muy desarrollada en ti, ¿no? Muy, que te sale de manera natural, ¿no? Ser empática. Pero cuando la utilizas demasiado, ¿no? En sobreuso, siempre estás empatizando con los demás, con las necesidades de los demás, de lo que desean y lo que lo que lo que quieren los demás, pues cuidas mucho a los demás, pero te drena, porque te olvidas de ti. Entonces, cuando la equilibras, esto te da presencia, te da presencia y no te no te no te desgasta. ¿Qué pasa con la prudencia? Otra de las fortalezas. Bueno, hay muchísimas fortalezas, bueno, la psicología positiva, bueno, nos dice que hay veinticuatro. La prudencia, ¿no? Es otra fortaleza. Claro, es es una fortaleza en equilibrio. Claro, si eres muy prudente con con todas las cosas, pues piensas bien, pero te puede bloquear, ¿no? Paralizar. En cambio, el equilibrio te da seguridad y te hace tomar decisiones firmes. Entonces, quiero que tengáis claro que las fortalezas ya están en vosotras, Solo que hay que equilibrarlas para que te sostengan. Os voy a proponer ahora hacer una pequeña práctica, y os voy a pedir cerréis los ojos, si queréis, si os sentís cómodas, que bajéis un poco la respiración. Y ahora imagínate a la tú de este año, que ya estamos a punto de acabar, esa que ha sostenido tanto, esa que ha estado disponible siempre, a esa que ha podido con todo. Mírala y dile por dentro, vuelvo a ti. Esto es volver. Es recordate. ¿Cómo se siente? Pues es como un acto de amor hacia ti, porque es verdad que siempre estás pendiente de los demás, cuidando de los demás, de la casa de tus hijos, tus padres, de tus amigos que no se enfaden, del petardo de tu jefe, de, y a mí me ha impactado mucho antes cuando has dicho, pensad en cómo te sientes hoy y di te veo. Pues, yo pienso muchas veces, ¿qué tal estás hoy? ¿Cómo estás hoy? Y es verdad que dices, bien, así, ligeramente, ¿no? Pero nunca digo, te veo. Y entonces es como que pasas por ello un poco de puntillas, Es una buena metáfora esto de volver a ti. Sí, eso es es recordarte. Nos olvidamos de nosotras mismas. Entre tanto dar y hacer, sostener y cuidar y resolver. Gracias por compartirla. ¿Y cómo sería vivir desde ti? Esta esta es la, no sé, la la visión, ¿no? El, ay, el deseo, ¿Cómo sería vivir desde ti? Pues vivir desde ti, lo primero, no suena a egoísmo, es de autocuidado de verdad. Te levantarías, pues eso, con esa sensación de, o sea, sin esa sensación, perdona, ¿no? De de de peso, ¿no? En el pecho. No sé si alguna vez lo habéis notado, yo sí, he estado ahí. Cuando vives desde ti, sabes qué necesitas al empezar el día, estás conectada contigo. Puedes decir, hoy no puedo, sin justificarte. Dices, hoy no puedo, sin justificarte. Descansas, sin sentirte culpable. Notas tus límites antes de llegar al límite. Tomas decisiones desde tu verdad. Eso te hace estar en paz, en calma. Y en tu día a día no deja de haber circunstancias imprevistos, cosas que que pasan, ¿no? O sea, esto no es no es que vivas sin problemas, ¿no? No no no es que cambie tu vida, sino que vuelves a ti cuando te pierdes, pero te das cuenta cuando te pierdes. Por lo tanto, no hablamos de una vida perfecta, sino de una vida coherente contigo, donde tú también te incluyes. Y no dejas de cuidar a los demás, no dejas de sostener a los demás, no dejas de resolver, pero lo haces desde otro lugar, ya no hacia afuera, sino desde ti. Y, bueno, puede que este encuentro, este este ratito que hemos pasado ahora juntas, que hemos compartido, pues nos dé un poco, nos abra un poco de claridad, nos nos haga conectar con, bueno, esas señales, ¿no? Que estaban ahí, las estamos ahora mirando, viendo, y y puede que nos haya ayudado, ¿no? Un poco a a sentirnos un poco más ligeras, con un poco más de aire. Pero es verdad que, bueno, dices, y ahora ahora qué hago con esto, ¿no? Yo entiendo que que que, bueno, dices, me imagino que nos gustaría, ¿no? A todas vivir desde desde ahí, ¿no? Desde desde nosotras mismas, ¿no? Y por eso yo os quiero, bueno, contar un poco, pues, que aquí es donde empiezo yo el recorrido, ¿no? Que acompaño. Vuelvo a mí, que es el el acompañamiento que hago, es un acompañamiento individual, de ocho semanas, en el que trabajamos juntas, pues, para que podamos, para que puedas hacer, pues esto, ¿no? Lo que lo que lo que ya hemos comentado, ¿no? Pues salir de ese automático, ¿no? De esa inercia que nos lleva a a estar otra vez, ¿no? En el en el en el hacer, hacer, hacer, y sin parar, ¿no? También, pues recuperar la energía, ¿no? Que vamos gastando a veces, sin darnos cuenta, porque caemos fácilmente, pues en la exigencia, Pues trabajamos también regular las emociones, ¿no? El el hecho de aprender a conectar con tu cuerpo, ¿no? A a darte cuenta lo que sientes, pues pues regulas, ¿no? Puedes llegar a regular, bajar la exigencia, volver a tu cuerpo, ¿no? Entender tus necesidades, poner límites sin culpa, equilibrar tus fortalezas personales y aprender a vivir desde ti. Y este acompañamiento, lo que lo hago, pues, a través de cuatro etapas, ¿no? Vamos a decir, aquí os dejo un poco ese camino que hacemos, ¿no? De de vivir en el en en el en el afuera, ¿no? Que os he dicho, vivir hacia afuera, en en el externo, en en lo externo, perdón, y llegar a a vivir desde ti, ¿no? A volver a ti y y vivir de otra manera. Ahora, pues os cuento un poco cada etapa, en qué consiste, para qué, qué es lo que conseguimos con esto. En la la primera etapa es parar y escucharte. Entonces, aquí aprendes, pues, eso, a notar tu cuerpo, a atender las señales que que hay, a frenar el automático, a bajar el ruido interno, ¿no? Que que muchas veces nos nos despista, ¿no? Caemos en estas trampas que que he comentado, que hay que hay más. ¿Y por qué esto es importante, esta primera etapa? Porque, claro, si no puedes cambiar, o sea, porque porque si si no te escuchas, ¿no? Si no paras, ¿cómo vas a saber, no? Lo que te lo que te pasa, ¿no? Que es lo que puedes cambiar, ¿no? Sin sin parar, no se puede hacer ningún cambio, ¿no? Al final, vivimos, si no, haciendo otras cosas, atendiendo. Entonces, aquí empiezas a verte de verdad, y esto te da te da aire. Es como, vuelvo a mí, ¿no? Parar y escucharte, esta es la primera etapa. Después, una vez que empezamos a escucharnos, conectamos con nuestro mundo interno. Claro, empezamos a escuchar esas emociones que se manifiestan, se expresan en nuestro cuerpo, ¿no? Al final, las emociones son reacciones fisiológicas, y tú puedes sentir, en un momento dado, ¿no? Pues que te palpita el corazón rapidísimo, o que o que sientes ese ese ese esa presión en el pecho, pero muchas veces no sabemos ni lo que no, lo que significa eso, ¿no? Entonces, aquí es donde aprendemos a traducirlos, a traducirlas, mejor dicho, en necesidades, porque cada emoción, cada sentimiento prolongado, en esa emoción prolongada, nos da una información superimportante, y es la necesidad que está ahí viva dentro de ti, la que está diciendo, hazme caso, atiéndeme, que muchas veces no la atendemos. Entonces, ¿qué qué qué pasa? Que aparecen esas emociones una y otra vez para avisarnos de que están ahí. Aquí, en esta etapa, que me encanta, me encanta, es, pues eso, ¿no? Conectar con tu mundo interno, conocerlo. Y cuando empiezas a conocerlo, ya empiezas a comprenderte, ¿no? A entenderte. Y cuando cuando te entiendes, puedes regularte y puedes tratarte con mucha más amabilidad, no pensando, a veces, ¿no? Interpretando esas emociones como algo negativo, como algo que me está fastidiando, mira lo que lo que lo que he hecho ahora con esto que he sentido, mira cómo he reaccionado, ¿no? Empiezas a, bueno, pues es que a ¿cómo se dice? No voy a salir una palabra, a hacerlo a como como si fueran tus amigas, ¿no? O sea, se convierten en en, es que son mensajeras, ¿no? Entonces, las atiendes de verdad, ¿no? Haces parte de de ti, ¿no? Esas emociones son son tu cuerpo hablando. De aquí vamos a la tercera etapa, esta es la que la que os decía, ¿no? Es redescubrir tu brújula interna, esa brújula interna que nos da que nos da dirección. Aquí trabajamos tus valores reales, esas esos que que son tu verdad, tus límites, tus creencias, ¿no? Qué qué qué qué hay realmente detrás de de estas reacciones que tengo, ¿no? Qué es lo que pienso, ¿no? Que esas trampas que en las que caigo, ¿no? Y luego las fortalezas personales, que son las que nos ayudarán a volver a nosotras de verdad, ¿no? A vivir en equilibrio, sin que te agote, sin que te sin que gastes toda la energía, sino al revés, ¿no? En equilibrio es cuando obtienes esa energía de verdad. Aquí empiezas a tomar decisiones desde ti. Con esta brújula interna ya decides desde tu verdad, no desde la culpa ni desde es que tengo que hacia afuera, ¿no? Sino desde el quiero, esto lo elijo yo. Y la última etapa del recorrido que hacemos es integrar y sostener, claro, convertir lo aprendido en una manera de vivir, en una nueva forma de vivir. Desde desde establecer hábitos de autocuidado de verdad a vivir en coherencia y en calma. Esto te da estabilidad, te da calma, te da coherencia, ¿no? Estar bien de forma sostenida, como decíamos, ¿no? Estar bien de verdad. Y estar bien de verdad no significa que no sientas en un momento dado agotamiento, no estamos hablando de no sentir al revés, porque ya sabemos que lo que nos, lo que sentimos es importante, y lo atendemos. Así que esto no no se trata, lo que hemos dicho antes, no se trata de de tener una vida perfecta ni de no tener problemas ni ni ni de no sentir emociones desagradables, sino vivir conectada a ti. Se trata de la relación que que consigo tener conmigo misma. Y desde ahí vives de otra manera. Y vuelvo a mí, es un, eso os he dicho que es un acompañamiento de ocho semanas, que, bueno, en, que incluye, pues, seis sesiones individuales online, en directo, conmigo, seguimiento entre sesiones por WhatsApp, acompañamiento cercano para ir, bueno, en el día a día, ¿no? Poniendo en práctica, ¿no? Esto esto de atenderme, de escucharme con ejercicios y herramientas que son fáciles, o sea, meditaciones de reconexión. También incluye un informe de test forte, que es una herramienta muy bonita para trabajar, ¿no? Las fortalezas personales, activándolas en para para ponerlas en equilibrio, Este acompañamiento es suave, no es un acompañamiento de exigencia al revés, o sea, aquí lo que lo que hacemos es bajar la exigencia, soltar esa exigencia y y acompañarnos suavemente, ¿no? En lo profundo, para que vuelvas a ti, sin prisa. Entonces, lo que lo que hacemos no son ni tareas ni ni cosas que que sumen, que añadan más más trabajo, ¿no? Más carga al revés. Es para ir poco a poco soltando, ¿no? Eso eso que nos drena, ¿no? Eso que nos quita energía. El acompañamiento cuesta doscientos noventa euros, es un precio especial de dos mil veinticinco, que se puede también pagar en dos pagos de ciento sesenta euros, y y después sí que ya en dos mil veintiséis voy a subir, subirá a trescientos noventa, porque estoy ampliando y y añadiendo este acompañamiento un poco, completándolo, pero las personas que que os apuntéis ahora, los animéis a hacer este este este proceso, hasta finales de año será este precio especial, ¿vale? Y y, bueno, si realmente queréis primero, pues ver un poco, ¿no? Hablar en en qué momento os encontráis, qué es lo que necesitáis de verdad, y si este programa, este acompañamiento os puede acompañar ahora, ¿no? Os puede ayudar en este proceso, he abierto, pues, unas llamadas gratuitas, de claridad, de media horita. Entonces, bueno, os os invito, si queréis, a agendar vuestra llamada, y y así poder poder hablar tranquilamente. Será una una llamada sin compromiso, de calma, tranquilidad, de escucha, y sobre todo, pues eso, para para escucharte a la vez que te hablamos, ¿no? Con con esta última ya ya positiva, quiero despedirme. Os doy las gracias por estar aquí en este ratito que hemos compartido. La verdad que he estado muy a gusto. Gracias por escucharme, por escucharte, escucharos. Y y, bueno, deciros que volver a ti, pues no es un destino, ¿no? Es un camino, y hoy, pues ya estáis en él. Así que enhorabuena.
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